Recibí tu fotografía aquel día. Las horas habían pasado bajo el manto frío del invierno. No fue una sorpresa saber de ti, sino las imagen impresa en estos tiempos donde una imagen puede ser tan vana como un insignificante cristal de nieve en la montaña. Sentado frente a la ventana que tanto ansiaba abrir para ver pasar el tiempo, vi ese rostro que, una alegría extraña, desconocida, te había provocado una sonrisa. Ese brillo que sólo un inusitado amor produce, una mirada húmeda que en rías llevaba tu esplendor al mar.
Cerré el cuaderno de mis notas para abrir tu carta para encontrarme consólo dos palabras: ven pronto.
No conprendía la razón de enviar un sobre, una nota y una fotografía, cuando pudiste enviar un mensaje al celular o un correo. Pero sabía de tus locuras y como te divertías con cada una de ellas.
Tenía que entregar el tercer capítulo de mi próxima novela y habían pasado ya dos meses en que nos hicimos la promesa de ausentarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario